Carlos Gamerro
Novelas y cuentos

El secreto y las voces

Norma, 2002, Edhasa, 2011.
http://www.edhasa.com.ar/libro.php?ean=9789876281331&t=El+secreto+y+las+voces

Nota de contratapa:

El jefe de policía de Malihuel recibe de sus superiores la orden de eliminar a Darío Ezcurra, uno de los habitantes del pueblo. El caso no debería ofrecer mayores dificultades, salvo por algunas cuestiones prácticas: ¿Cómo mantener en secreto el asesinato de a un vecino conspicuo en un pueblo donde todos se conocen? ¿Cómo desanudar la trama de relaciones en la que el jefe de policía y la víctima se hallan inextricablemente involucrados? ¿Cómo, en suma, llevar adelante una versión pueblerina del crimen perfecto?

Veinte años después, el Fefe, protagonista de El secreto y las voces, vuelve al pueblo de su madre y sus abuelos, el de los veranos de su infancia, con el propósito de escribir una novela sobre la desaparición de Darío Ezcurra. Fefe recorre Malihuel casa por casa, recogiendo testimonios. Las voces de sus interlocutores, voces que niegan o que confirman, que se acusan o acusan a otros, que se retuercen sobre sí mismas en su esfuerzo por encontrar la verdad o por huir de ella, y que en sus ecos y entrecruzamientos van dibujando en sus ecos y entrecruzamientos la figura de un secreto compartido que todos tratan de evitar y al que por eso no pueden dejar de aludir. Y llegará el punto en que Fefe deba admitir que la historia que le cuentan es, también, la suya propia.

Con un manejo deslumbrante de la narración y el diálogo, El secreto y las voces indaga la compleja e incómoda cuestión de la responsabilidad civil en la represión de estado, y confirma a Carlos Gamerro como uno de los escritores más originales que interrogan desde la ficción nuestro presente.

Notas y novedades sobre
El secreto y las voces

Reseña de Lucy Popescu,The Independent, 04/11/2011. http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/books/reviews/an-open-secret-by-carlos-gamerro-trans-ian-barnett-6256585.html

Tout ou presque sur Ezcurra (El secreto y las voces). Éditions Liana Levi, Paris, 2011. Traduit de l’espagnol par Dominique Lepreux. http://www.lianalevi.fr/f/index.php?sp=liv&livre_id=406

Reseña de Alexis Liebaert en
Marianne
. 19/3/2011. http://www.lianalevi.fr/f/index.php?sp=liv&livre_id=406

Reseña de Jacques Fressard en La Quinzaine Litteraire, 16/3/2011.
“Qui était Ezcurra?” Jacques Fressard, La Quinzaine Litteraire. Paris, 16/3/2011.

Tout ou presque sur Ezcurra. Jeux d’épreuves, par Joseph Macé-Scaron (programa radial)
http://www.franceculture.com/emission-jeux-d-epreuves-emission-du-samedi-12-mars-2011-2011-03-12.html

Yasmine Youssi: “Comment le silence s’est construit pendant la dictature” La Tribune, 10/2/2011. http://www.lianalevi.fr/userfiles/Toutoupresque-La%20tribune.pdf

Algunas reseñas de El secreto y las voces.

Complicidad de silencio.


Excelente novela que hace de la verdad una forma de justicia.

“De noche, después de apagar la luz – escribe Fefe, el protagonista y narrador de El secreto y las voces -, las voces no me dejan dormir. Como si los ecos de todas ellas reverberaran juntos dentro de mi cráneo, las voces escuchadas durante el día vuelven a hacerse oír, discutiendo descorteses entre ellas, interrumpiéndose, contradiciéndose, tratando de taparse unas a otras, tratando de ganar mi aprobación, mi atención, o apenas mi oído.” Las diferentes voces, ese entramado de voces que aturden a Fefe, son la materia narrativa de
El secreto y las voces, excelente tercera novela de Carlos Gamerro. Y como señala su título, esas voces y los ecos a veces contradictorios de esas voces diseñan los contornos de un secreto que Fefe intentará desentrañar. Para ello regresa a Malihuel, un pequeño pueblo santafesino, después de veinte años de ausencia. Y regresa a ese pueblo – donde nacieron sus abuelos y sus padres, donde pasó las vacaciones de su infancia y adolescencia -, con la intención de reconstruir un crimen cometido veinte años atrás – un 25 de febrero de 1977 – y escribir luego una novela policial que postule la existencia de un crimen perfecto: “Un policial, me pareció; me pareció una buena idea situarla acá. Por ejemplo, se comete un crimen en Malihuel. Tres mil habitantes. Todos se conocen. Esa noche no había extraños en el pueblo. O sea, el asesino tiene que ser uno de ellos. Todos sospechan de todos. O quizás sea una conspiración, en la que todo el pueblo está de acuerdo.”

A lo largo de las entrevistas que Fefe sostiene con los habitantes del pueblo, reconstruye una historia - que es también su propia historia -, que desborda los límites pueblerinos para inscribirse en la historia nacional durante la última dictadura militar: Porque Fefe reconstruye la historia de Darío Ezcurra, el descendiente díscolo de una de las familias fundadoras del pueblo, que fue asesinado por el jefe de policía de Malihuel, con el consentimiento explícito de buena parte de la población. Como en “La carta robada” de Edgar Allan Poe, el crimen fue perfecto por su extrema visibilidad: al ser cometido a la vista de todos, el asesinato convirtió a los eventuales testigos en cómplices. De este modo, Malihuel reactualiza su propia tradición, pero invirtiendo su signo: si en
El sueño del señor juez, la novela anterior de Carlos Gamerro, se revelan los orígenes del pueblo como los de una Fuenteovejuna santafesina (pues sus entonces dispersos pobladores se conjuran para liberarse de la tiranía a la que los sometía su juez de paz), en el marco de la dictadura militar, ese mismo pueblo aunará voluntades para la realización de un crimen. Un crimen perfecto hasta que, veinte años después, ese mismo pueblo comienza a hablar.

Al ser interrogados por Fefe, aquellos que participaron directa o indirectamente del crimen, hablan. Sus voces, sus confesiones, sus testimonios, hábilmente organizados por un narrador en primera persona, reconstruyen la historia. Una historia que restituye una verdad y otorga un sentido a esa suma de versiones contradictorias e incompletas. La novela postula así una certeza: la certeza de que a través de los relatos de victimarios, testigos y protagonistas, la verdad puede ser restituida. Y también la certeza d que si la verdad se repone, ciertas formas de justicia son posibles, porque los testimonios llenan, de una manera, el vacío legal producido por la ausencia de un Estado de derecho y, a su vez, restituyen filiaciones escamoteadas e identidades falsas.

“Pinta tu aldea y pintarás el mundo,” propuso León Tolstoi, incitando a los escritores a dar cuenta de toda una sociedad a través de una historia mínima y concreta. En efecto,
El secreto y las voces responde, a su modo, a ese doble mandato. Por un lado, la novela es, también, la reconstrucción de un saber pueblerino que, inscribiéndose en la línea de Manuel Puig en La traición de Rita Hayworth, encuentra sus bases más sólidas en el rumor; el chisme, la maledicencia, el prejuicio. Pero por otro lado, al reconstruir la trama de lealtades e intereses comunes entre los habitantes del pueblo y los poderes policial y militar, la novela denuncia la responsabilidad de la población civil en el terrorismo de estado.

Situada en el mismo escenario de El sueño del señor juez – el imaginario, pero no por eso menos real, pueblo santafesino de Malihuel – y retomando algunos de los personajes centrales de Las Islas, El secreto y las voces consolida vigorosamente el proyecto narrativo de Carlos Gamerro, convirtiéndolo en uno de los escritores más sugestivos de la narrativa argentina actual.

Sylvia Saítta. La Nación, 24 de noviembre de 2002 (Versión completa)

El terror en medio del silencio


Se puede pensar que lo que hace a un buen libro – y sin dudas, la última novela de Carlos Gamerro pertenece a esa rara especie – es su capacidad de plantearse problemas y de arribar a soluciones tan felices como provisorias. Pero para que esos problemas excedan el marco de la exhibición técnica su planteo debe estar íntimamente vinculado con aquello que se quiere narrar. El autor tiene bien en claro qué significa construir la verdad en la Argentina. No se trata de concatenar pistas – aunque
El secreto y las voces tiene la estructura de un policial -, sino de reconstruir los hechos a partir de distintas versiones, eludiendo la tentación de que la propia multiplicidad de esas versiones conviertan a la verdad en algo relativo. De esa forma se reconstruyó en este país la política del terrorismo de Estado o lo ocurrido en Malvinas. No hubo indicios, pruebas o una confesión determinante, sin embargo la verdad salió a la luz.

Este libro, el tercero de Gamerro, tiene la habilidad de construir esas versiones en un delicado juego donde la información va surgiendo de desvíos, contradicciones, lecturas múltiples de un solo hecho, rumores no comprobados, muchas veces adulterados por los intereses en juego. Es que una de las lecciones de la verdad a la argentina es que el encubrimiento está también armado de versiones no dichas. El pueblo de Malihuel fue escenario de una única desaparición durante la dictadura. Un hecho que las propias dimensiones del lugar y un sistema de sociabilidad muy estrecho no parecía poder permitir. Para que ello sucediera era necesaria una red de silencios y complicidades que rearma el narrador, Fefe, al retornar al lugar de sus vacaciones de infancia. Lo primero que surge en este recorrido por el pasado es la forma en que el comisario del lugar fue buscando y obteniendo la anuencia de varios de los personajes del pueblo para que se consumara la desaparición de Darío Ezcurra.

Esa trama siniestra forma parte de la memoria de un pueblo que en principio le resulta lejano a Fefe, quien a medida que se va adentrando en esa historia la va incorporando como propia. A partir de la serie de encuentros que demandó la estrategia del comisario Neri, la narración va avanzando en una tensa espiral hasta la revelación definitiva que incluye el destino final del cuerpo de Ezcurra. Pero Gamerro tiene claro que para contar esa historia se requiere de una ardorosa paciencia. Y es así como está construido su texto que no se conforma con indagar en la génesis y la realización de un crimen sino que pretende saber cuáles fueron, si puede decirse así, las condiciones espirituales que lo hicieron posible. Es allí donde
El secreto y las voces se separa del policial para emprender una tarea más ambiciosa. Es notable la forma en que va narrando de qué manera los habitantes de Malihuel se justifican y se culpan por el hecho, cuán laboriosamente construyen las versiones que los rediman, sin que falten aquellos – representados en la figura del médico del pueblo, el Doctor Alexander – que justifican todo lo ocurrido. Este es otro de los logros de la novela: la voz del poder nunca suena impostada, como suele ocurrir en los textos que se adentran en las trastiendas del enemigo, y puede sostener sin desmayos su monstruosa lógica. Es este paisaje moral la mayor apuesta de la novela y en ese sentido la construcción ficcional de Malihuel – un lugar bastante más parecido a las miserias de la Santa María de Onetti que a los prodigios de Macondo – le sirve a Gamerro como laboratorio para una pregunta que sigue valiendo la pena hacerse: ¿Cómo fue posible que todo el terror ocurriera en medio del silencio?

El secreto y las voces no aspira a dar la respuesta definitiva, lo hace del modo provisorio que sólo puede construir la buena literatura: un relato que es previo a las conclusiones tanto de los lectores como del autor y que permanece como una manera, de las más interesantes, de pensar de nuevo el pasado argentino desde el lado de esas múltiples voces que siguen esperando el momento de salirse del silencio.

Marcos Mayer Dario Clarín – Suplemento Cultura y Nación – 14 de diciembre de 2002 Versión completa.